Nacido en Santiago de Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX, se expandió rápidamente por el ámbito del Caribe y, más tarde, por diferentes países latinoamericanos. Heredero de la canción de prosapia hispánica -teñida fuertemente por los elementos de las arias operísticas, la romanza francesa y la canción napolitana-, pero que ya había sufrido un proceso de cubanización, tiene en el aspecto rítmico un evidente nexo con la danza y la habanera. Dice Argeliers León, refiriéndose a sus orígenes, que "...fue surgiendo en el siglo pasado un nuevo estilo en el acompañamiento guitarrístico, mezcla de rasgueado y punteado que, a no dudarlo, nos llegaba nuevamente por el camino de renovados contactos con sones yucatecos. La presencia de familias y tropas, venidas de las recién instauradas repúblicas latinoamericanas, y el creciente tráfico entre México y los puertos del sur de Cuba, desde los años de la retención de la zona de San Juan de Ulúa por tropas españolas (1825), motivó todo ello la introducción de un rayado rítmico, muy segmentado y constante en la guitarra prima, acentuado tonalmente en la guitarra segunda. Se producía así un nuevo estilo en el acompañamiento que, al llamarle bolero, era como decir bolereadamente". En la Isla, sonaba el bolero español, así como los polos y tiranas, pero de aquél sólo incorporó el nuevo género criollo el nombre, ya que su estructura, en compás de dos por cuatro, difería, aparte de los otros aspectos constitutivos, del tres por cuatro del baile español. Con respecto a la denominación hay varias hipótesis. El modo cancioneril cubano la tomó directamente de su homónimo hispánico, pero el bolero peninsular pareció inspirarse en su modo danzable, como volando, boleando...
El cinco, proveniente de las...