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Existen numerosas tradiciones en Gipuzkoa, pero pocas con tantos años y tanta historia como la del Día de los Santaneros de Ordizia, que en esta edición ha cumplido nada más y nada menos que 500 años. Ayer, diecisiete parejas de recién casados participaron en la fiesta bailando la tradicional esku-dantza que llenó de música y alegría las calles de la localidad goierritarra. Con motivo del 500 aniversario, las fiestas de Santa Ana de este año han estado marcadas por esta celebración. El domingo se celebró una esku-dantza especial en la que participaron aurreskus, atzeskus y damas de que ya habían protagonizado la fiesta en años anteriores. En ese baile de Santaneros extraordinario se recuperaron también detalles que se han ido perdiendo con el paso de los años, como el uso de la txapela por parte de los hombres. Cerca de 58 parejas de todas las edades se animaron a bailar en la plaza de Ordizia, pese a que algunas de ellas habían contraído matrimonio en las décadas de los 40, 50 0 60 del pasado siglo.
Además de esa esku-dantza, excepcional por el día y por los participantes, este año se ha instalado una exposición fotográfica en el centro Delikatuz de la localidad, con imágenes de la fiesta de hace años. Tal como explica Joseba Juárez, profesor de baile de los santaneros y organizador de las celebraciones del 500 aniversario, «al ser una fecha tan señalada teníamos una ocasión especial para celebrar este día tan importante». La exposición estará abierta hasta el 14 de septiembre.
Las fotografías han sido cedidas por los fotógrafos del pueblo y por particulares, tras una petición realizada por el ayuntamiento, que también ha aportado una gran cantidad de imágenes a la exposición. La muestra está organizada de forma cronológica. Comienza con una introducción de la historia de la fiesta donde se explica de dónde viene la Cofradía de Santa Ana, que da nombre a los Santaneros, y en qué se basa. A continuación hay una serie de paneles que explican el baile que se realiza cada 27 de julio desde el año 1509 y finalmente, una gran muestra de imágenes de la fiesta de distintos años. Todo está acompañado de una pequeña muestra de mantones de Manila, libros de la época y un vídeo en el que se muestra la fiesta de los dos últimos años. Se trata, en definitiva, de un recorrido visual por 500 años de historia.
El día más esperado
Para la mayoría de los ordiziarras, después del día de su boda, uno de los más importantes de sus vidas es el día en el que pueden participar en la fiesta de los Santaneros. Por eso ayer las emociones estaban a flor de piel en la mayoría de quienes participaron en el baile, incluso en el caso de quienes no han nacido en Ordizia pero se han casado con ordiziarras. Ese es el caso de Mari Tere, una joven vizcaína de Derio que reconocía que «aunque no pensaba emocionarme, he terminado echando alguna lágrima».
Las diecisiete parejas participantes en la fiesta de Santa Ana se reunieron en el palacio Abaria a primera hora de la mañana para inscribirse como nuevos cofrades. Pese a que muchas de las mujeres participantes en la fiesta tuvieron que madrugar para poder ir a la peluquería y estar listas para la hora, a ninguna se le notaba el madrugón ya que todas lucían sonrisa y portaban con orgullo el tradicional mantón de Manila que caracteriza a esta fiesta.
A las once, los Santaneros de este año asistieron a misa mayor en la iglesia de San Bartolomé, a la que llegaron acompañados de la música del txistu y unidas todas las parejas mediante pañuelos blancos. Pero el momentó más importante del día llegó a mediodía. Numerosos ordiziarras esperaban a las parejas en la Plaza Mayor, a la que fueron entrando los nuevos cofrades. Llegaba el momento en el que las parejas tenían que dejar la vergüenza a un lado, lanzarse a bailar y demostrar lo aprendido durante más de tres semanas de ensayos.
Mientras las esposas subieron al balcón del ayuntamiento para seguir la fiesta desde esa privilegiada posición, los maridos, a los sones del txistu y acompañados de los aplausos del público, fueron entrando en la Plaza Mayor, donde comenzaron a bailar enlazados por pañuelos. Tras ese primer baile comenzó el tradicional y esperado reto en el que el mayordomo que encabezaba la cadena -el aurreskulari- se separó de los demás hombres para bailar solo. El segundo mayordomo -el atzeskulari- lo desafió con su danza.
Durante este baile el público no dejó de aplaudir y los aplausor aumentaron cuando cuatro de los hombres se acercaron a la puerta del ayuntamiento para recoger a una de las recién casadas que, situada en el centro de la plaza entre los cuatro hombres, recibió la reverencia del aurreskulari. El mismo baile se repitió con una segunda esposa, aunque en este caso fue el atzeskulari quien bailó y reverenció a Marian, quien contaba tras el baile que «es bonito participar en la tradición y muy emocionante hacerlo rodeada de tanta gente». Preguntada por si había estado nerviosa durante el momento, reconocía que «cuando me han venido a buscar al ayuntamiento sí estaba un poco nerviosa».
Un momento especial
Posteriormente, las restantes mujeres dejaron el balcón de la casa consistorial y se incorporaron al grupo. El espectáculo más visual llegó con el baile del fandango y el arin-arin, ritmos que hacían que los elegantes mantones comenzaran a girar y a abrirse, dando lugar a un movimiento de colores que provocó las ovaciones de todos los allí congregados. Tras esa exhibición las parejas recorrieron las calles del casco histórico hasta llegar al restaurante Martínez, donde les esperaba un rico aperitivo que todos cogieron con ganas.
Entre saludos de amigos y familiares y fotografías para el recuerdo, todos reconocían haber disfrutado de un momento tan especial. Así, Juanjo, un ordiziarra residente en Larrondo, afirmaba que «he dado continuidad a algo que siempre he visto y que quiero que se siga celebrando». No le costó demasiado convencer a su mujer Mari Tere para participar en la fiesta. «No tienes nada que perder y es muy bonito participar en una fiesta tan especial», reconocía ella.
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