El pianista bilbaíno Joaquín Achúcarro recibirá hoy la medalla de Oro 2008 del Palau de la Música al ser considerado "el sucesor del director valenciano José Iturbi", en un acto en el que interpretará obras de Manuel de Falla, Claude Debussy, Enrique Granados, Isaac Albenéniz y Fryderyk Chopin.
Así lo indicó ayer la presidenta del Palau de la Música, Mayrén Beneyto, quien ha estado acompañada por el homenajeado, Joaquín Achúcarro y el subdirector de la Música, Ramón Almazán, quien ha destacado tanto la labor profesional de Achúcarro, considerado uno de los mejores pianistas del mundo, como su carácter solidario.
En ese sentido Beneyto ha subrayado su colaboración en la gira organizada en 1957 a favor de los damnificados por la riada de Valencia, mientras que Almazán ha recordado que ya en 1963 el director José Iturbi le consideró como uno de sus sucesores.
Por su parte Achúcarro ha señalado que la concesión de la medalla de Oro le ha provocado "una sensación de felicidad" que se asemeja a estar "entre nubes", aunque ha matizado que el reconocimiento es "una gran responsabilidad que implica seguir trabajando".
Asimismo el pianista ha indicado que de Iturbi recibió un consejo que ha aplicado toda su vida: el músico valenciano le explicó que el camino para convertirse en un gran concertista es "muy duro, pero no una tragedia", algo que ha conseguido con trabajo, esfuerzo y con la ayuda de su mujer.
Achúcarro también se ha referido a su labor docente como profesor en la Universidad Metodista de Dallas, lo que a su juicio le han supuesto un "enriquecimiento enorme" y aunque ha destacado que nunca ha querido dedicarse a la docencia, esta le ha dado la oportunidad de "aprender de sus propios alumnos".
Sobre la salud de la música en España y en la Comunitat Valenciana, el concertista ha expresado que esta es "muy buena", y puede comprobarse en el hecho de que muchos músicos eligen España "para venir a trabajar".
Finalmente, Achúcarro ha indicado que "seguirá tocando hasta que la salud o el público le jubilen", porque tocar el piano "es una actividad total y constante", algo así "como una droga", ha concluido el músico.