La máxima feria comercial del disco cubano, dedicó esta edición al tema “la música y la danza”, con un homenaje especial a la gran dama del ballet cubano.
El festival anual Cubadisco, considerado la máxima feria comercial del disco cubano, dedicó su edición de 2006 al tema “la música y la danza”, con un homenaje especial a la gran dama del ballet cubano, Alicia Alonso, y a los premios nacionales de danza de este año, la profesora Ramona de Sáa y el coreógrafo Santiago Alfonso. Además, otorgó a la República Popular de China la categoría de “País invitado de honor”. Al concluir el evento, sus organizadores anunciaron que la edición de 2007 estaría dedicada al tema “la música y el cine” y tendría como país invitado de honor a Venezuela.
Con este motivo, los cubanos tuvieron el privilegio de disfrutar, en una sola función de gala, del sensacional espectáculo ofrecido por el Conjunto de Artes Folklóricas de China (continental). Los experimentados directores artísticos eligieron inteligentemente una muestra panorámica de danza tradicional clásica, de folklore musical y de artes marciales del inmenso país del lejano oriente. Sus intérpretes –egresados y estudiantes de las afamadas academias de danza y acrobacia de Beijing, algunos de ellos multilaureados en concursos y festivales nacionales e internacionales– hicieron alarde de gracia y pericia, en dos horas sin interrupción.
Es importante considerar en su justo valor la entrega, especialmente por el cuidado exquisito en cada detalle sobre el vasto escenario del mayor coliseo de la capital cubana, el teatro Kart Marx, tanto por el diseño de luces como por el del vestuario y el maquillaje individual, en cada una de las piezas exhibidas, ardientemente aplaudidos por casi 5 mil espectadores.
Para hablar del desarrollo histórico de la danza clásica tradicional de China, vale remitirse a las sabias apreciaciones del profesor Chan Cheng, del Instituto de Danza de China, con sede en la capital nacional. Los inicios de esta manifestación artística se remontan a los más antiguos tiempos de la humanidad. Desde las primeras sociedades primitivas, la danza se practicaba en todos los sectores de la vida humana, experimentando evidentes cambios en los sucesivos períodos históricos, tanto en su contenido como en la técnica. Esa danza, en un inicio ritual o festivo, fue conformando los diferentes estilos.
Como en las aristocracias occidentales, los emperadores de China establecieron en sus palacios o castillos la danza y la música de corte. Fue durante la dinastía Tang que estas danzas adquirieron su mayor florecimiento hasta convertirse en clásica. Pero las estrictas normativas feudales limitaron su desarrollo. Una de las características típicas de las danzas tradicionales chinas es su representatividad, es decir que estaban absorbidas por el teatro: eran danzas para participar en un drama teatral o en una ópera, en el que participaban las artes marciales. Lo clásico para los chinos no está referido al tiempo, es otro concepto, y lo tradicional significa su larga historia.
La danza que actualmente se baila contiene elementos del pasado y los actuales,la cual tiene su origen en los pensamientos inmateriales, como la bondad de la humanidad, y como significado, señala la relación entre el corazón, el cielo y la tierra. De ahí parte su concepción de lo redondo o circular, que se manifiesta en tres órdenes de la forma de lo redondo, en la búsqueda entre el movimiento y los objetos, con líneas mediante pasos ligeros y un ritmo según las características del cuerpo del bailarín o bailarina. Debe evitarse la exhibición del esfuerzo en la realización de los pasos y movimientos del cuerpo, aunque todo lo ejecutan con fuerza y pasión.
Entre las seis coreografías mostradas –creadas entre 1996 y 2003, por diferentes autores–, impresionaron particularmente dos. El solo masculino “Pájaro del sol’’ de los coreógrafos de la Academia de Danza de Beijing Zhang Jigang y Sun Yupeng, interpretado por un bailarín sobresaliente por el virtuosismo de su “legato” en el trabajo corporal, quien los ejecuta con gran dinamismo y expresividad con el torso desnudo y diminutos pantalones rojo y oro. Fue un momento de gran arte de la danza oriental.
También, sería imposible soslayar la coreografía de Chen Wiya, en su Pas de quatre “El emperador Qin pasando revista a sus tropas’’ (de 1996). Los cuatro bailarines, ataviados con tocados de flores y plumas de faisán y vestidos con fluidos pantalones pijamas de seda en colores pastel, fueron impresionantes en su interpretación magistral de los guerreros de terracota de la dinastía Qin (221-207 a.n.e) descubiertos en Xian, China, sitio considerado una de las diez maravillas del mundo antiguo.
Según informa el programa de mano, el vocabulario y la técnica de la danza tradicional china es utilizado (con singular equilibrio) en esta pieza, elaborada a partir de una sencilla y simple imagen de los mencionados guerreros de barro, con el soporte musical del sonoro y vigoroso ritmo de la música folklórica Gran Tambor de Jiangzhou.