El tango tiene algo de idílico y algo de trágico que seduce. También seducen las piernas, los giros, las entrepiernas, la pasión y hasta la violencia que lo han convertido en leyenda. Eso quedó claro el sábado por la noche en el Teatro Presidente, cuando un 70% del aforo llenó el espectáculo “Destellos de tango”, producido por la española Alicia Garrido con bailarines nacionales,
Una mujer que se convierte en violín y cuyo cuerpo es atravesado por un arco invisible arrancó aplausos en “Peregrinación”, antes de que “Uno”, ese tango de Mariano Mores y Enrique Santos Discepolo, llegara, triste como siempre, en la voz de Miguel Ángel Díaz y el bandoneón de Efraín Scheinfeld, músicos argentinos que se presentaron seis veces en dos actos. Las zancadas internacionales del tango llegaron entre velos con una “Cumparsita” en árabe.
Los “destellos” duraron dos horas y empezaron con media hora de retraso. Se trataba de un recorrido por la historia del tango desde finales del siglo XIX hasta evoluciones y fusiones con jazz y danza árabe del siglo XXI.
Los bailarines de la compañía Ecos del Mundo y algunos independientes conformaron el cuerpo de baile, que se presentará el sábado 3 de febrero en el Teatro de Santa Ana a las 6:30 p. m.
Los programas, con un tiraje de 1,300 para las presentaciones de sábado y domingo, no alcanzaron y se entregaron en grupos de dos o tres asistentes. En la boletería se dijo a los medios que no podían sentarse “porque vienen a trabajar”.